Revista
Tiempo Latinoamericano

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Editorial (Noviembre de 2021)

"Cuando la Biblia molesta"

Revista nº109 (Cliquee para ver/descargar)

“Ahora les toca a los ricos. Lloren y laméntense por las desgracias que les vienen encima. Sus reservas se han podrido y sus vestidos están comidos por la polilla. De repente se oxidaron su oro y su plata; el óxido se transforma en acusador ante Dios y llega a ser fuego que les quema las carnes. ¿Cómo pudieron hacer reservas en los últimos tiempos? Unos trabajadores vinieron a cosechar sus campos y ustedes no les pagaron, ¡pero su jornal clama al cielo! Las quejas de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los Ejércitos. Ustedes no buscaron más que lujo y placer en este mundo, y lo pasaron bien mientras otros eran asesinados. Ustedes mataron al inocente; era fácil condenarlo, puesto que no se podía defender.” Apóstol Santiago, 5,1-6

Esta lectura bíblica correspondiente a la liturgia de unos de los domingos de esta segunda mitad del año no fue leída en algunas misas para “no molestar a los fieles”, criticó y se lamentó públicamente el arzobispo de La Plata.

Esto se llama acomodar la religión a gusto de sus consumidores. Quienes se muestran tan rigurosos con otras normas eclesiásticas, no parecen tener el mismo celo cuando no se trata de una disposición cambiable, sino de un texto de la Palabra de Dios que puede tocar de cerca los intereses propios, no sólo del espíritu, sino también del bolsillo. Y es aquí cuando el fervor religioso se flexibiliza, se debilita; y hasta el “Santo Padre” - tan sacralizado cuando conviene - es degradado a poco menos que el demonio, cada vez que habla de la actualidad, y especialmente de los pobres, a la luz de la Biblia.

Se trata de una religión útil a los intereses individuales, sin ninguna exigencia de solidaridad y justicia. Que creen “salvar el alma”, despegada de cuerpos mezquinos que dañan a los demás. Una religión que no moleste ni interfiera la vida cotidiana, y se limite a la reunión social de los domingos en un templo donde pocos son los que se conocen y sólo comparten el banco, quizás no sólo el de la iglesia.

Si esto le sucede a una porción de fieles, que se siente cómoda con ese tipo de religiones, es porque tienen sus predicadores que las sustentan. Y en ese mutuo beneficio, los trabajadores y los pobres no tienen cabida. No son los “bienaventurados” del Evangelio de Jesús. Ni tienen lugar los mencionados a la hora del juicio final, los hambrientos, los sedientos, los inmigrantes, los desnudos, los enfermos, los presos, del evangelio de Mateo 25, 31-46. Y entonces así como existen los predicadores que eliminan textos bíblicos “incómodos”, también “espiritualizan” una propuesta de vida encarnada en la historia, para que no perjudique sus riquezas, ni altere su propia conciencia.

La conmemoración de los 50 años de la Teología de la Liberación, surgida desde el clamor y la práctica social y de fe de los pobres latinoamericanos, que resumió el padre Gustavo Gutiérrez a fines de 1971, puede plantearse como el reverso de esa religión espiritualista, utilizada como ideología del sometimiento y la opresión.

En esta edición de la revista pretendemos ofrecer contribuciones para el debate y la reflexión, desde lo que publicamos como memoria histórica hasta lo compartido en los temas propuestos sobre la Asamblea Eclesial en Latinoamérica y el Caribe, con aportes que pueden ayudar a las comunidades en sus nuevas realidades, ciertamente diferentes en muchos aspectos a las de 50 años atrás, pero con situaciones tan lacerantes o peor, por su magnitud, que las del pasado que inspiraron tantos compromisos y tantas luchas, que acarrearon la persecución y el martirio.

Cuando el robo de los salarios se manifiesta por el constante aumento de precios, que lo desvalorizan, pocas veces aparecen los nombres y las empresas que monopolizan la producción alimenticia. Pero es útil y necesario señalar y conocer los nombres y apellidos de los causantes de la pobreza y la miseria en nuestro país; y que no sigan protegidos por los poderes mediáticos, empresariales, políticos o religiosos. Porque tantos los empobrecidos como los enriquecidos tienen identidad y rostros visibles, aunque se quiera invisibilizar la pobreza y ocultar la riqueza de distintas maneras. La cofradía de los enriquecidos pretende además desacreditar los controles de precios que por ley le corresponde hacer al estado, por otra parte ya establecidos también desde época antigua en el Código de Hammurabi. Nada nuevo bajo el sol, porque ya hemos vivido en décadas pasadas la desestabilización política desde el desabastecimiento de alimentos por parte de los sectores que se sienten incómodos y molestos, tanto ayer con la carta que el apóstol Santiago escribió entre los años 50 y 60 después de Cristo, como hoy con las disposiciones gubernamentales que deben proteger a los sectores afectados por la injusta distribución de las riquezas.

Haciéndonos eco de toda la carta de apóstol Santiago - que recomendamos leer-, nuestra propuesta ante las realidades padecidas con más gravedad por los que están en el subsuelo de la sociedad, es no sólo asumir la denuncia de los causantes de los padecimientos y opresiones, sino sumarse como artífices colectivos a los instrumentos, especialmente sociales y políticos, capaces de canalizar con eficacia los reclamos y necesidades de la mayoría sufriente, para que no queden en puro discurso, en postulados ideológicos que nunca se concretan o en expresiones de anhelos jamás cumplidos. Así lo exigen las imperiosas necesidades de los empobrecidos de hoy. Exigencia también imperiosa para los que se sienten “molestos” por lo que dice la Biblia.

Equipo Tiempo Latinoamericano