Revista
Tiempo Latinoamericano

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Editorial (Julio de 2009)

Las soluciones ya no pueden...

Revista nº90 (Cliquee para ver/descargar)La reflexión que nos animará en el 18 Encuentro Mons. Angelelli, en la primera semana de agosto, al cumplirse el 33 aniversario de su martirio buscará ser un aporte para la acción en la que nos toca comprometemos desde la militancia social y política.

Desde el Centro Tiempo Latinoamericano, asumiendo la espiritualidad de Mons. Angelelli, seguimos impulsando el compromiso real y concreto con la realidad en la que vivimos para lograr condiciones de vida digna y justa para todos. Esto significa partir de la constatación de la desigualdad social, que nos sigue golpeando como hace 33 años, cuando Mons. Angelelli denunciaba:

“Lo grave, lo urgente, lo complejo, lo difícil es eliminar las causas que originan las distintas clases de violencia…” (Junio de 1971).

“No podemos callar cuando positivamente perjudican al pueblo de Dios, como ser: el tráfico de drogas, la trata de blancas, la usura, el recurso a una doctrina social a la que se deforma para justificar negociados y lucros personales”. (Diciembre 1971).

“El sur de nuestra provincia está olvidado y necesita de lo más elemental para la supervivencia del ser humano en muchísimos casos…Hay, por ejemplo, escuelas en estado lamentable, caminos intransitables; hay que crear fuentes de trabajo para contener el éxodo, la atención de la salud es deficiente, el productor está desprotegido, etc.” (Junio 1972).

Este señalamiento de los problemas iba acompañado de acciones concretas que tocaba intereses y provocaban la reacción adversa de quienes se sentían afectados, iniciándose ese largo y retorcido camino martirial que culminaría aquel trágico y frío 4 de agosto de 1976, cuando en la soledad de la siesta riojana un automóvil –que su único acompañante el P. Pinto identificó como Peugeot 404 de color claro– le provocó el accidente, quedando su cuerpo con los brazos abiertos en cruz, mientras su sangre embebía la tierra argentina.

La semilla de su martirio, como el de tantos y tantas otros y otras argentinos y argentinas, germinó y creció en estos 33 años, motivando nuevas reflexiones y prácticas comprometidas en lo social y en lo político, partiendo del mismo diagnóstico de la realidad e inspirados por la misma mística evangélica.

Es desde ese lugar, con esa memoria y con esas motivaciones que proponemos ahondar en el debate sobre las exigencias de la realidad actual que nos lleve al compromiso concreto y eficaz para mejorar las condiciones de vida empobrecidas por la ausencia de políticas distributivas de la riqueza que abunda en nuestro país y sigue concentrada en las minorías que detentan importantes resortes de poder.

Sigue siendo el reclamo de cambios que no admiten demoras porque cada día que pasa son vidas de niños y ancianos abandonados a su suerte las que se nos van, pudiéndolo evitar.

La enseñanza de nuestro mártir se actualiza:

“Votar no consiste solamente en depositar una papeleta en una urna…Votar es hacer y construir nuestra propia historia argentina y riojana. Es poner el hombro para que como pueblo no se nos considere solamente en las urnas sino el gran protagonista y actor en la reconstrucción de la Patria. Es para eliminar las causas que engendran injusticias, miserias, odios, éxodos obligatorios...” (Febrero 1973).

Y pisando la tierra también advertía:

“...hoy vemos que se toman actitudes de paternalismo repartiendo dádivas y comprando conciencias con el dinero... ¿es la vieja maña de captar votos?”.(Febrero 1973).

Este es el sentido concreto de las vivencias sociales y políticas que nos deja como legado en este 33 aniversario del martirio.

No alcanza con hacer buenos diagnósticos de la realidad. Hace falta meterse en el fangoso terreno de las realidades cotidianas para encontrarle solución a los problemas.

No sirve la denuncia desde la comodidad de presente y el futuro asegurados. Hace falta asumir los riesgos de la incertidumbre del porvenir, mientras se protagonizan los procesos populares que luchan y se organizan para hacer realidad los cambios mediante los instrumentos que la misma realidad política va indicando como posibles.

“Las soluciones ya no pueden, ni deben, quedar en manos providenciales...”

Porque la realidad y la experiencia indican que no llegan. Y la vida de las mayorías empobrecidas se sigue deteriorando.

“...sino en la tarea participada de toda la comunidad”.

Que requiere e implica organizarse colectivamente para ejercer el protagonismo no sólo en el reclamo sino principalmente en el diseño de las propuestas y en la ejecución de las soluciones. Esta es la democracia participativa capaz de superar las limitaciones de la democracia formal, con la que quieren conformamos quienes siguen concentrando el poder económico en nuestro país. Es una convocatoria a ejercer la responsabilidad social, no transfiriendo culpas ni decisiones a otros, sin antes haber expuesto el propio pellejo corriendo los riesgos del desprestigio, la descalificación, la difamación o incluso la persecución en tiempos de democracia.

Hacemos memoria del martirio reafirmando nuestra vocación de ser testigos y hacedores de los cambios que demanda la vida sufriente y necesitada de los más pobres.

En el camino de Jesús, Mons. Angelelli, Marta y demás testigos de la fe en el evangelio y en el pueblo.

Equipo Tiempo Latinoamericano