Revista
Tiempo Latinoamericano

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Editorial (Abril de 2008)

Por el AGUA y la TIERRA donde crece la VIDA

Revista nº87 (Cliquee para ver/descargar)La vida de la humanidad está siempre unida a la tierra y al agua. Y la de los pobres más todavía, porque el contacto es más directo y más cercana la relación. Nuestras culturas originarias siguen venerando a la Pachamama como la generadora de la vida. Y hasta las civilizaciones más sofisticadas están apegadas a los frutos que surgen de ella, porque desde el principio el agua y la tierra son fuentes de la vida.

El 22 de marzo ha sido instituido como el día internacional del agua; el 17 de abril se estableció como el día de la lucha campesina; y el 19 de abril se celebró el día de los aborígenes. Tres realidades que han querido ser remarcadas en el almanaque de las recordaciones para contribuir a instalar las problemáticas con todas sus necesidades y urgencias de cambios para mayor dignidad de la vida. Y que para nuestro suelo latinoamericano tiene especial significación.

Tantas luchas de los pobres en defensa del lugar donde viven desde tiempos inmemoriales!

Tantas esclavitudes y maltratos padecidos por los pueblos originarios de estas tierras! Tantas luchas campesinas por mantener los espacios que hoy con mayor virulencia les intentan arrebatar en la vorágine capitalista de la concentración sojera!

Los “sin tierra”, como despojados de sus vidas, que vienen reclamando en la ancha y extensa geografía latinoamericana la recuperación de lo que les pertenece, ante la voracidad capitalista que pretende amontonarlos en las grandes ciudades como despojos junto a los basurales en condiciones de hacinamiento, indignidad y miseria.

No ha sido poco el martirologio campesino a causa de su lucha por la tierra, el agua y la preservación de ambiente en estos años de consciencia y resistencia. Ya desde la memoria de nuestro mártir Enrique Angelelli recordamos la violencia de los terratenientes contra el derecho a la tierra y al agua de los más pobres. Fueron esos terratenientes quienes abonaron el camino del martirio que se consumó el 4 de agosto de 1976. Más reciente y cercano fue el juicio a once miembros del Movimiento Campesino de Córdoba que resistieron el avance de las topadoras que pretendían apoderarse de sus tierras en Cruz del Eje. Las leyes de tierras en general quedan en letra muerta, porque faltan medidas concretas que protejan los derechos de quienes las ocupan desde siempre.

Por largos siglos los gobiernos han hecho oídos sordos a los reclamos campesinos de reforma agraria. Pero vientos favorables soplan en estas latitudes. En Venezuela se están estableciendo ahora los mecanismos para efectivizar la ley de reforma agraria que ya lleva más de cuarenta años. En Brasil, el camino aunque lento, sigue con el permanente reclamo de un episcopado que lo viene planteando desde hace años y un movimiento que sigue organizado y persistentemente una lucha inclaudicable. En Bolivia ante la firme decisión de regularizar el derecho propietario de la tierra los hacendados del Chaco boliviano, iniciaron un bloqueo de carreteras para impedir que las brigadas del gobierno ingresen a sus predios a iniciar el saneamiento de tierras. El reciente triunfo del obispo paraguayo Fernando Lugo como presidente de su país, teniendo entre los puntos de su plataforma la reforma agraria, aflora como esperanza de realidad ante el reclamo de las mayorías campesinas y guaraníes que apoyaron su candidatura. Este es el horizonte que el nuevo presidente afirma para “la resurrección del pueblo paraguayo”.

La reflexión propuesta para este año está ligada a la tierra y al agua como fuentes de vida, que necesitan de nuestro compromiso para su preservación y utilización a favor de la vida. Como toda lucha por algo, es también contra alguien. Y esos “alguien” son los poderosos de siempre, que dominados por el egoísmo, ignoran la suerte de las mayorías empobrecidas de nuestro continente y del mundo entero.

Desde los movimientos sociales –los movimientos campesinos, los “Sin Tierra”, las comunidades indígenas– se vienen sosteniendo estos reclamos a favor de la tierra, del agua, de los montes, de las minas, del clima, de la fauna, etc., para que sean asumidas como políticas de estado por los gobiernos que sostienen en sus programas la defensa de los derechos de todos, pero principalmente de los más pobres que son los más perjudicados.

En estos nuevos aires políticos de Latinoamérica es necesario profundizar las medidas que ataquen al latifundio como una de las mayores causas de la destrucción del planeta. Y se implementen medidas concretas de protección a las culturas y a los derechos de las comunidades campesinas e indígenas de nuestros países.

Equipo Tiempo Latinoamericano