Revista
Tiempo Latinoamericano

   ES      EN      PO

Editorial (Octubre 1986)

EVANGELIZACIÓN EN AMÉRICA LATINA. "LUCES Y SOMBRAS DE UNA TAREA"

Revista nº27 (Cliquee para ver/descargar)“La Iglesia ve con alegría la obra realizada con tantas generosidad y expresa su reconocimiento a cuantos han trazado los surcos del Evangelio en nuestras tierras, aquellos que han estado activa y caritativamente presentes en las diversas culturas, especialmente indígenas, del continente. Reconoce también que no siempre, a lo largo de su historia, fueron todos sus miembros, clérigos y laicos, fieles al Espíritu de Dios; al mirar el presente comprueba gozosa la entrega de muchos de sus hijos y también la fragilidad de sus propios mensajeros. Acata el juicio de la historia sobre esas luces y sombras, y quiere asumir plenamente la responsabilidad que recae sobre ella en el presente”.
(Documento de Medellín, Introd. - 2)

Para la historia latinoamericana Octubre es la imagen de la cruz y la espada llegando a estas tierras “indias”.

A propósito de los 500 años de evangelización en América Latina el Papa Juan Pablo II ha convocado a “un combate evangélico de dignificación del hombre”.

En la convocatoria que revive el combate profético de los primeros evangelizadores que denunciaron el atropello español, y exige hoy escuchar el gemido de los pueblos latinoamericanos sojuzgados por un sistema de opresión y muerte.

Si a 500 años de la invasión española soportamos el agobio de las estructuras que atan nuestro destino a los designios de los centros imperiales, es que la dignificación y liberación de los hombres y los pueblos en Latinoamérica debe necesariamente gestarse desde y con el protagonismo popular, porque las lecciones de la historia indican que los portadores de la “civilización occidental y cristiana” no han buscado otra cosa que satisfacer sus apetitos de privilegios e imponer sus proyectos de dominación.

Al reflexionar la tarea evangelizadora en América deberemos revisar honestamente cuántas veces nuestra Iglesia ha sido portadora fiel de esa “Buena Noticia” anunciadora de un Dios que libera y da vida; y cuántas en cambio ha traicionado su misión en la complicidad con el genocidio, la opresión y la injusticias.

Revisar hoy los esfuerzos evangelizadores es asumir un compromiso activo en la construcción de una sociedad de hermanos, sin diferencias que hieren la dignidad de los hombres. Por eso rescatamos los aportes liberadores de los primeros profetas de América Latina, como Fray Antonio de Montesinos, Bartolomé de Las Casas, Toribio de Mogrovejo; pasando por otros destacados y fieles evangelizadores que supieron consustanciarse con el pueblo, hasta los signos más esclarecidos de nuestro tiempo, con la larga lista de profetas y mártires que vienen a rubricar el compromiso de la hora de todos los cristianos de América Latina.

Asistimos a un nuevo despertar de los pueblos latinoamericanos, como reconocían los Obispos en Medellín. La reflexión y el trabajo en común de miles y miles de pequeñas comunidades va creando es nueva presencia de Iglesia que necesitan los pueblos latinoamericanos, para acompañar su gesta liberadora, como lo hicieron en la primera emancipación el P. Morelos en México o Fray Luis Beltrán en Argentina.

Queremos rescatar todos los esfuerzos que se vienen realizando. A los múltiples y ricas experiencias de participación de los cristianos en los procesos de transformación social en las distintas latitudes de Latinoamérica, queremos sumarle las que se vienen realizando en esta Argentina que necesita todavía recorrer mucho camino para recuperar una historia de lucha por romper las ataduras que ahogan su presente y amenazan su futuro como pueblo.

Y nos parece importante sacar a la luz los múltiples esfuerzos que silenciosamente vienen desarrollándose en barrios, parroquias, grupos juveniles y comunidades de las distintas provincias argentinas. Este resurgir desde abajo, esta siembra silenciosa, –que va mostrando en el compromiso cotidiano un nuevo rostro de Iglesia, que llega con su mensaje no por la fuerza de la espada o el poder, sino por el vigor del testimonio en la consustanciación con las necesidades de los hombres–, marcha necesariamente a configurar una nueva presencia que por sí misma se torna cuestionadora de las realidades de opresión que vive nuestro pueblo.

Este rol profético, puede y debe solidificarse a través de una mayor comunicación de experiencias que acrecienten y fortalezcan los lazos para recibir el impulso contagioso a una activa participación de los cristianos en todos los esfuerzos que el pueblo viene realizando por su liberación, bregando por una efectiva democracia participativa, que le devuelva el rol protagónico en la construcción de su historia.

En este “tiempo latinoamericano”, que nos compromete como Iglesia y como pueblo, reafirmamos nuestra tarea histórica y evangélica por la dignidad, la justicia, la fraternidad, la solidaridad, la libertad y la paz, que es decir la plena realización de los hombres y el fiel cumplimiento del plan de Dios.

Equipo Responsable